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Brian de Palma
LLa trayectoria de Brian De Palma se erige como una de las más fascinantes de la historia del cine.
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Se ha consolidado no como un simple imitador, sino como el arquitecto del barroco visual y el heredero perverso de Alfred Hitchcock. A diferencia del suspense sugerido del maestro británico, De Palma abraza un cinismo propio de los años 70 y 80, transformando tropos clásicos como el falso culpable, la rubia en peligro o el trauma psicológico en coreografías de violencia y erotismo explícito.
Esta obsesión se manifiesta con crudeza en obras como Sisters (1973) y Obsession (1976), donde el trauma y la identidad se fracturan, alcanzando su punto álgido en la polémica Vestida para matar (1980) y la voyerista Doble de cuerpo (1984). En estas cintas, el director utiliza la cámara como un ente omnisciente que sabe más que sus propios protagonistas, empleando herramientas técnicas que ya son su firma personal: el uso de la pantalla partida (split-screen) para tensar la narrativa, los planos secuencia circulares y el uso del split-diopter o foco profundo, que otorga una irrealidad hipnótica a cada encuadre.
Sin embargo, reducir su carrera al suspenso sería ignorar su capacidad para transmutar géneros. Su incursión en el terror con Carrie (1976) y The Fury (1978) demostró un dominio magistral del exceso visual, mientras que su vertiente más operística y criminal nos regaló la "Trinidad" de su éxito comercial. Con Scarface (1983), De Palma construyó un monumento a la decadencia y el exceso que redefinió el cine de gánsteres, un camino que refinaría más tarde en la elegante y rítmica The Untouchables (1987) y en la melancólica Carlito's Way (1993). Incluso en el cine de gran presupuesto, como en la primera Mission: Impossible (1996), logró imponer sus reglas de suspense silencioso frente a la pirotecnia gratuita, demostrando que su virtuosismo técnico podía adaptarse a las exigencias de un blockbuster sin perder su esencia autoral.
Incluso en sus momentos más experimentales o menos comprendidos, como la sátira de Greetings (1968), el desmadre visual de Phantom of the Paradise (1974), el thriller político de Blow Out (1981) —donde rinde tributo al sonido tanto como a la imagen— o el despliegue técnico de Snake Eyes (1998) y Mission to Mars (2000), De Palma siempre se mantiene fiel a su tesis: el cine es una celebración del artificio. Su mirada no busca el realismo, sino la emoción pura a través de la estética y la denuncia, presente en sus crudos retratos bélicos como Casualties of War (1989) y Redacted (2007). Al final del día, su filmografía es un laberinto de espejos donde el espectador es forzado a ser cómplice de la mirada, confirmando que, en el universo de De Palma, observar es siempre un acto de peligro.
Sus últimas películas han sido "Passion" (2012) y "Domino" (2019)









