A estas alturas de 2025, Jim Jarmusch lo ha vuelto a hacer: "Father Mother Sister Brother" no solo se llevó el León de Oro en Venecia, sino que ha dejado a todo el mundo con un nudo en la garganta y una sonrisa de lado. La película es puro Jarmusch, ese estilo "slow" que tanto nos gusta, pero esta vez se siente mucho más íntimo. Es como si después de tantos años haciendo pelis, el director hubiera decidido sentarse a tomar un café y charlar sobre lo que de verdad nos rompe la cabeza: la familia.
La estructura es un tríptico genial que nos pasea por Estados Unidos, Dublín y París. Lo más loco es que, aunque no hay una trama de acción trepidante, no puedes apartar la vista. El segmento de "Father" con Tom Waits es oro puro; verlo en pantalla es como reencontrarse con un viejo amigo cascarrabias pero encantador. Luego pasamos a la elegancia fría de Charlotte Rampling en "Mother" y cerramos con la melancolía joven de Indya Moore y Luka Sabbat en "Sister Brother". Es una montaña rusa de diálogos brillantes y silencios que dicen más que cualquier monólogo de tres páginas.
La crítica se ha rendido a sus pies porque es una película que no grita, sino que susurra. Muchos dicen que es su mejor trabajo desde Paterson, y tienen razón. Jarmusch logra que algo tan mundano como unos hermanos repartiéndose los trastos de sus padres en un apartamento de París se sienta como un evento cósmico. Es minimalista, sí, pero tiene una calidez que te envuelve.
Si buscas explosiones, mejor mira otra cosa, pero si quieres una película que te haga querer llamar a tus padres o a tus hermanos al salir del cine, esta es la elegida. Es cine hecho con calma, para paladearlo despacio, y demuestra que a sus 72 años, Jarmusch sigue siendo el tipo más "cool" de la habitación, capaz de encontrar la magia en un simple té compartido en Dublín.