Drácula de Bram Stoker (1992), dirigida por Francis Ford Coppola, es una de las adaptaciones más emblemáticas y visualmente impresionantes de la novela Drácula de Bram Stoker. Coppola, conocido por su trabajo en la saga El Padrino, decidió hacer una interpretación muy personal del material original, con un enfoque visual estilizado y una atmósfera de horror gótico que destaca por su innovador uso de los efectos prácticos.